lunes, octubre 12, 2009

membrillo_23

El membrillo traumatizado tenia ganas de protestar , ganas de resaltar penurias treintañeras y diferenciar las clásicas boludeces innombrables y decadentes.
(¡¡....por que el gran barón me trajo los recuerdos de un gran amor ay morena....!!)

Haciéndose entender a punta de balazos , de raciocinios lentos, de incoherencias nocturnas, de silencios esperados. Agarrando las pestañas, las pezuñas se formo en silencio. Escuchó entre tiempos, comprendió entre cosas, esperó cansado, esperó mas lento, se sentó aburrido, pareció aburrido, escuchó las voces, se calló. Se cayó.


viernes, octubre 09, 2009

El hueón

Prendió la tele. Se quemo. Paro de comentar frases perfectas bien pronunciadas. Dejo de ordenar las calcetas y de clasificar a sus vecinos bajo los clásicos parámetros que le enseño su padre entre los siete y diecinueve años. Escupió cerveza alemana clásica y trago litros de Báltica. Una tarde de invierno se leyó un libro de noventa páginas sin mayor apuro tirado en una plaza. Se bajo de la micro diecisiete cuadras antes por que sí, por que se canso, por que la mina colorina, por que si. Votó por el candidato que no le conviene, votó por el que parece mas humano. Mando a la cresta a su jefe, el hueón se relajo, al fin el hueón se dejo de huevadas y tomo algo así como el control de su vida.

sábado, octubre 03, 2009

Vaivén satánico…era lo que sentía y después escribía, a veces lo que repetía cuando bajaba de los buses.

Los cigarros quedaban mojados después de tanto hablar, de tanto pensar, de tanto caminar y por lo que se entendía era un proceso natural, una sencilla explicación para tanto tiempo, para el silencio.

Vaivén botánico… era lo que me creía, lo que pretendía creer para seguir… vaivén por que subía y después descendía.

Las plantas las mearon treinta y cuatro pendejos de un liceo público y al parecer las mataron o en el mejor de los casos las trasformaron, como algunas calles de Santiago que ya estaban transformadas hace un tiempo.

Vaivén católico… se manifestaba a eso de las doce en algunas plazas llenas de alergias y chocopandas primaverales, pelotas de plástico que se caían a las casas de algunos vecinos de otros tiempos, con el tiempo una querida vecindad que no devolvía las pelotas, que a veces las reventaba y generalmente hacía llorar a los dueños de las pelotas.

Vaivén alcohólico… llegaba solo, bailando, jugando a ser una morena, una brasileña endiablada, que te movía el culo en la cara, que culo que te movía esa morena.

Por su gran culpa en la mañana siempre tenía algo así como una caña, tenía algo así como con la caña, un vacío inaguantable que te hacía saltar de la cama y caminar por las ferias o parques públicos llenos de personas comedoras compulsivas de helado y bebidas gaseosas, muy parecidas a ti en décadas anteriores.